RD-China y la llamada a consulta de la Embajadora

Dr. Angel Lockward

Se puede decir lo que se quiera del Presidente Trump, pero sería tonto no admitir que cumple aquello que dice, sin importar lo extremo que sea; sus anuncios sobre cambios en su política de acuerdos comerciales amenazaron al mundo con una posible autarquía de la principal economía: plantó cara a Europa, su aliada, a Japón y aunque parecía increíble, a Canadá, su prima preferente y, al final, no le ha salido mal.

Primero, la economía norteamericana y su moneda, se han fortalecido y, segundo, logró doblar el brazo a sus dos socios en el TLC de Norteamérica sustituyéndolo por el USMCA, no sólo más favorable, sino en que particular, porque le otorga veto sobre cualquier negociación futura de Canadá y México con China, el mercado más grande con 1,400 millones de consumidores, la segunda economía del planeta y el tercer país más extenso gobernado por un partido único.

El USMCA, en el párrafo cuarto del capítulo de excepciones establece que cualquier socio puede salirse si uno de ellos formaliza acuerdos con una economía “que no es de mercado” – léase China -, dispone incluso que si se presentan negociaciones, debe informarlas a cada socio; esto es lo que permitió al Presidente Trump declarar en el jardín de la Casa Blanca que, se ha configurado un acuerdo formidable, que en el fondo, blinda el mercado norteamericano de los tres países en contra de China: No hay dudas de que eso mismo procurara en sus negociaciones con Europa y con Japón, con lo que dejaría bastante aislada a China, que lo consiga, es otra cosa El TLC de Norteamérica asesinado, en su momento, fue una reacción a la conversión de Europa en la Unión Europea y, tímidamente, una previsión de la incursión China con su ingreso a la OMC: le siguió un fracaso del ALCA que fue sustituida por algunos tratados regionales y bilaterales, pero la amenaza China se agrandó, porque con las liberalizaciones comerciales su economía ha crecido más que el resto del mundo y, hoy, el gigante asiático, es una potencia económica que incursiona en los mercados con fuerza y empieza en la región nuestra sus contactos políticos: China no es Cuba.

En su guerra particular Trump amenazó con imponer impuestos a unos 5,000 productos chinos por USD$ 250 mil millones y lo hizo, le respondieron con una sanción a 4,000 productos norteamericanos por valor de USD$ 60 mil millones: esa es una acción directa, la indirecta tiene que ver con zonas de influencia, América Latina, es una, por su mercado y por los movimientos geopolíticos.

China, en camino de resolver sus problemas económicos básicos, busca los senderos del bienestar económico, sin pluralidad política, no sólo mercados, sino además, aliados y, ha salido con su chequera, esta vez, bien provista. Estados Unidos hace años que –para créditos al desarrollo y ayudas - guardó la suya en un cajón del escritorio de la oficina oval. En el juego político China le sacó tres peones en la región, cuando estos, tras romper con Taiwan, establecieron relaciones con Pekin – con quien desde siempre Estados Unidos las ha mantenido –: Panamá, El Salvador y República Dominicana. Estados Unidos reaccionó llamando a consulta a sus embajadores en dichos países. “Estados Unidos no cuestiona el derecho de esas naciones a establecer relaciones con China, pero ejerce su derecho a revisar sus relaciones con ellos” ha sido la respuesta dada desde El Salvador y, sus efectos, vendrán, que no haya dudas.

Ayer, el Vicepresidente Mike Pence, también se refirió al tema al hablar en el Centro de Estudios Hudson Institute, según recoge El Caribe del 6 de octubre: “Estas medidas –establecer relaciones con China - amenazan la estabilidad del estrecho de Taiwán, y Estados Unidos las condena”, cita el matutino. Establecer relaciones con China ha sido el ejercicio de un derecho, lo que no implica que no tenga costos, en el mundo de hoy como en el de siempre, de manera que el Gobierno debe tratar de obtener los mejores beneficios para el país a los fines de que el resultado sea positivo.

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