Batman: Año Uno, de Frank Miller y David Mazzucchelli

“Se convertirá en el mejor luchador contra el crimen que ha conocido el mundo… No será fácil.”

Mediados de los años ochenta del pasado siglo, un momento de cambio para el cómic estadounidense, en general, y para el género superheroico, en particular.

El término de novela gráfica se empieza a popularizar, el medio busca la manera de atraer al gran público y reivindicar la cultura de la viñeta.

Sus creadores buscan desterrar la idea de que los cómics son algo único y exclusivo del público infantil. En este sentido, Will Eisner ya había publicado en 1978 su Contrato con Dios y Art Spiegelman había comenzado en 1980 su capital Maus, convirtiéndose en un referente del cómic alternativo en el que prosperarían también Dave Sim, Robert Crumb, Joe Sacco o los hermanos Hernández.

Las grandes editoriales y el género superheroico no se podían abstener de la revolución y su metamorfosis pedía la madurez de sus historias. La corriente grim and gritty secuestró las publicaciones del género y uno de sus máximos responsables sería un joven Frank Miller. En 1986, el hoy famoso guionista y dibujante estadounidense, encabezaría la renovación del género superheroico con la publicación de dos de sus obras cumbre. La primera llevaba el título de Born Again, una historia que servía de epilogo a su anterior y genial etapa en la cabecera de Daredevil.

La segunda, El Regreso del Caballero Oscuro, un relato crepuscular con Batman como protagonista que nos presentaba al personaje en sus últimos años y enfrentando a una sociedad que ya no entendía su cruzada. Estas obras servían de réplica a las estimulantes propuestas que sus compañeros británicos de la línea Vertigo estaban realizando en ese momento. Pero, sobre todo, sentaban las bases para el futuro del género superheroico junto a la no menos importante Watchmen de Alan Moore y Dave Gibbons que se había comenzado a publicar en ese mismo momento. Los buenos resultados de El Regreso del Caballero Oscuro convenció a las cabezas pensantes de DC Comics de que Frank Miller era la persona ideal para abordar la renovación definitiva de Batman. En la década anterior equipos creativos como el de Dennis O’Neil y Neal Adams o el Steve Englehart y Marshall Rogers, habían logrado recuperar las señas de identidad del personaje para los nuevos tiempos pero a este aún faltaba ese punto de modernización que acabase por acercarlo al público de su época. Las ventas que no habían acompañado en este tiempo a las cabeceras de la franquicia tuvieron su contrapartida en el inesperado éxito de El Regreso del Caballero Oscuro.

Esto sin contar la influencia que la historia tendría de cara a la adaptación del personaje a la gran pantalla en 1989 en manos de Tim Burton desatando una batmania sin precedentes que pillaría desprevenida a la industria. Para DC Comics no había decisión más sencilla y dejaron a Batman en manos de Frank Miller que encantado con la tarea elucubró lo que sería un hito del género: Batman: Año Uno. En este caso, Miller solo ejercía como guionista, los lápices pasarían a manos de David Mazzucchelli con el que ya estaba colaborando en la citada Born Again. La intención era dotar a la historia de una ambientación cercana al género negro más clásico. Ese que ya había definido a la creación de Bill Finger, Jerry Robinson y Bob Kane en sus primeros años pero que había ido perdiendo fuerza paulatinamente en su trayectoria hasta degenerar en una visión paródica y alucinógena del justiciero. El esperpento había llegado a su clímax en los años sesenta con la, por otro lado, mítica serie de televisión de Batman del canal ABC. En una introducción al recopilatorio de Batman: Año Uno publicado en 1988 por DC Comics Miller lo dejaba muy claro: “Para mí, Batman nunca fue gracioso”. El aviso a navegantes iba más allá: “Si tu único recuerdo de Batman es Adam West y Burt Ward intercambiando ocurrencias estrambóticas mientras reparten mamporros a estrellas invitadas como Vincent Price o César Romero, espero que este cómic sea toda una sorpresa”.

Batman: Año Uno se publicó por primera vez en 1987 en los números 404 al 407 de la serie regular de la homónima Batman. En la historia Frank Miller sintetizó a la perfección la mitología y las características propias del personaje ahondando de forma estimulante en la psicología del mismo. Su intención no era redescubrir a Batman sino añadir nuevas capas a su historia, ampliando la perspectiva sobre sus primeros años y sobre el drama de su génesis para confeccionar un acercamiento más complejo y profundo de su misión. Esa era la intención de Miller y consiguió llevarla a buen puerto con notables resultados. En Batman: Año Uno no hay villanos pintorescos ni megalómanos con ingeniosos planes de dominación mundial. No es esa clase de historia, aunque esa dicotomía la explorarían en 1988 Alan Moore y Brian Bolland en La Broma Asesina. Por contra, Miller busca una visión más realista y humana, con un héroe que es capaz de sangrar y que no tiene siempre las claves para hacer frente a los retos en los que se ve envuelto. No quiere decir esto que su autor renuncie al contexto clásico del personaje, lo demuestran la presencia de “actores secundarios” como Selina Kyle o Harvey Dent a los que conocemos aquí en sus primeros pasos.

El acercamiento más adulto a la imaginería de Batman funciona de forma totalmente orgánica y remite directamente al espíritu que reflejaban sus primeras historias. El relato se actualiza y adquiere una nueva dimensión hasta el momento inexplorada.

La influencia de Batman: Año Uno fue inmediata, Miller y Mazzucchelli habían concebido una pieza perfecta que funcionaba por sí misma sin más añadidos ni explicaciones. Su manera de entender al personaje ha sido adoptada hasta la fecha por multitud de autores, pero en su sencilla complejidad no ha sido superada hasta la fecha. En los noventa Joel Schumacher ya intentó adaptar esta historia a la gran pantalla y a principios de este siglo Darren Aronofsky estuvo a punto de escribir y dirigir el filme. El proyecto no llegó a ver la luz pero si lo hizo en cambio en 2005 Batman Begins, el primer capítulo de la trilogía del director Christopher Nolan sobre el Caballero Oscuro que tenía como una de sus principales influencias Batman: Año Uno. Una muestra más de cómo esta obra maestra se ha perpetuado a lo largo de las décadas y ha redefinido la imagen que la cultura popular tenía de Batman.

Fuente: Zona Negativa

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